El miedo a la oscuridad es uno de los miedos más básicos del ser humano, pocas películas de miedo transcurren a plena luz del día, entre brillantes escenarios, el terreno del terror se mueve por la oscuridad, las tinieblas y las sombras. Y a esto recurre “Nunca apagues la luz”.

Tras perder a su padre, y con una madre deprimida, Martin empieza a experimentar terrores nocturnos y miedo a la oscuridad, hasta tal punto de dormirse en el colegio. Como la madre no está muy católica llaman a la hermanastra, que mira qué casualidad, sufrió lo mismo cuando su padre se fue de casa y las dejó abandonadas a ella y a su madre.
Rebecca vuelva para ayudar a su hermano, saldar cuentas con su madre, y de paso encontrar la verdad.

La película entretiene y da algún que otro susto, el papel del novio de Rebecca pone el punto cómico que toda película de terror tiene, si esas risitas nerviosas que sueltas para rebajar la tensión.

Producida por el que parece el nuevo rey del terror James Wan (director de “Expediente Warren“), consigue mantener una atmósfera de tensión y angustia, aunque no está a la altura de las dirigidas por Wan.

Entretenida, para una tarde de verano en el cine huyendo del calor.

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